LA GATA

Nunca se encontró su cuerpo. Sólo una nota de despedida pidiendo que cuidaran los gatos.

Ella le había dejado el apartamento en herencia sólo a cambio de cuidar una gata. No tenía residencia fija, así que le vino bien el arreglo. De todas formas, la gata tenía su propia casa construida como un apartado independiente, que a su favor tenía un fácil sistema de acceso para su limpieza en forma de torno rotatorio. Lo mismo ocurría con el aseo de la arena. Sólo tenía que rellenarle el bebedero y el comedero desde fuera. La gata se pasaba la mayor parte del tiempo dentro, durmiendo y observándole.

Podría haber contratado un servicio de vaciado de pisos antes de instalarse, pero prefirió hacerlo él mismo. Total, tenía tiempo y curiosidad. Se ocuparía de vaciar e ir eliminando recuerdos, sombras del pasado con las que no quería vivir. Después haría una reforma total.

Empezó por la ropa. Sólo guardó un kimono para estar por casa. Le siguieron los libros, los vinilos y los CD. Encontró una caja llena de casetes. Los repasó todos a medida que los iba tirando en una caja. Pero había uno sin etiqueta. ¿Todavía existían reproductores? ¿Dónde había visto uno?

Lo primero que escuchó fue su voz. Volver a oírla fue como un salto al pasado. Su voz le acariciaba de nuevo.

“No sé si llegarás a oír esto o si se perderá en la basura. En cualquier caso, yo estaré a tu lado.”

De repente se sintió observado. Miró tontamente hacia el techo buscando cámaras ocultas. Sintió un escalofrío. Sólo la gata le observaba. Sintió que eran los ojos de ella que le miraban a través de la gata. “Vaya paranoia” pensó.

“No mires a la gata como si fuera yo. Soy yo.” Siguió la voz. La gata maulló quedamente como para confirmar. Pensó que la broma que le estaba gastando era de mal gusto.

“Pensarás que es una broma” siguió la voz. “O que lo he copiado de antiguas historias de misterio”. Si, era una broma porque eso sólo podría suceder en un cuento. Tendría que buscar la manera de deshacerse de la gata. Basta de tonterías. Siguió escuchando. “No, no puedes deshacerte de la gata. El chip que tiene implantado no permite matarla sin que pierdas la herencia” Vaya, le estaba leyendo el pensamiento. “De hecho, tendrás que buscar la manera de asegurarte tu supervivencia cuando tú mismo te conviertas en gato” Esto se ponía interesante. Siempre elegiría la libertad a estar enjaulado, si tuviera que convertirse en gato. “Ahora querrás saber cómo y cuando te convertirás en gato, y que pruebas tengo de que yo sea una gata.” Evidente. “Yo te lo mostraré, es decir, la gata que tienes a tu lado”.  Fin de la grabación.

Sí que resultó una broma de mal gusto. Se pasó meses esperando que esa gata tonta, que no hacía más que dormir, le hiciera siquiera un amago de mostrarle algo. Pensó que, si realmente se había convertido o reencarnado en gata, no le había salido bien el tiro. Ni siquiera se inmutó cuando trajo dos chicas a casa para hacer un trío. Las muy zorras habían desaparecido cuando despertó. Registró todo por si le habían robado alguna cosa. Miró a la gata. Pero ahora eran tres.