EL ENCARGO

  • “Quiero que desvirguéis a un tipo.” Dijo ella. “Y si lo hacéis bien, a otros tres.”
  • “¿De cuanta pasta estamos hablando?”
  • De la que pidáis.
  • ¿Adelanto?
  • Por supuesto.
  • ¿Y qué te hace pensar que no nos quedaremos con tu pasta, sin más y te desvirguemos a ti aquí mismo? Contestó el más bravucón con una media sonrisa y mirada desafiante.
  • Se me ocurren …  una… dos … cinco razones? Contestó con sorna sin achicarse.
  • ¿A saber?
  • ¿Porque sería el último trabajo que os contrataría? ¿Porque lo sabría toda la comunidad gay? ¿Porque la policía me creería a mí? ¿Porque lo haría publicar en todos los periódicos? ¿O porque podría mataros? Es lo que tiene tener dinero, poder y pocos escrúpulos.
  • ¿Matarnos?
  • A cada colectivo lo suyo, chicos.
  • ¿De quién se trata?
  • De una pandilla de niñatos hijos de su papá.
  • ¿Y cómo sabemos que no se trata de una trampa?
  • Cada uno de nosotros corre con su propio riesgo y su propia recompensa. Os doy tres días de preparación y ejecución.

Les tiró al suelo una bolsa. Se agacharon para examinarla. Dentro había una cantidad exagerada de dinero en efectivo y un recorte de periódico con una foto. Cuando levantaron la vista ella había desaparecido.

Les llevó un día comprobar el centro en el que estudiaba y el recorrido que hacía en moto al salir. Al segundo día lo acorralaron. Los siguientes días recibieron sendas bolsas con sendos recortes y fotos de periódicos, trabajos fáciles. El culo de esos chicos había cambiado para siempre, y sus carreras también.

  • “¡He encontrado quién es ella!” vino un día uno de ellos con la noticia y un periódico que lanzó sobre la mesa.

El titular mostraba el caso sin resolver de una chica de influyente familia violada y asesinada hacía tres años, con su foto en portada. Un escalofrío les recorrió la espalda.