“Me voy a bucear” le dijo a su marido.
Se puso el equipo y se ajustó la cámara acuática en la frente.
Al final del espigón, en el fondo del mar se veía una sombra alargada. Cuando se acercó vio un obús incrustado en una roca. Al salir a la superficie había una carretera llena de carros blindados. A los lados de la carretera había jeeps medio sumergidos en el agua llenos de soldados. Aunque las figuras estaban inmóviles, las olas hacían que los coches y sus ocupantes se mecieran como si tuvieran vida.
Salió a la carretera y empezó a caminar entre el ejército petrificado. Era un paisaje de ficción. No se creía lo que estaba viendo.
Como salido de la nada, alguien caminaba hacía ella.
“Hi”
Mira que bien, una persona real en este paisaje irreal, pensó. Pero a medida que se acercaba, el personaje en movimiento también era de piedra. No podía ser. Echó a correr.
Si no lo estuviera filmando, nadie me creería, se dijo a sí misma mientras se dirigía hacia la playa a toda prisa.
“Warte, geh nicht!” le gritaba el soldado.
Al llegar al chiringuito de la playa comentó sofocada lo que había visto.
“Ah, sí, con la mar baja se ve todo el ejercito que en su día quedó enterrado por la arena de las mareas. Es una de las mejores atracciones por estos parajes. Y el soldado que te has encontrado es un loco alemán que vive en el pueblo y que cree ser él mismo un soldado de piedra. Pero no te preocupes, es inofensivo.” Le dijo el camarero.
Pensó entonces en cómo gastarle una broma a su marido. Le llevó la filmación omitiendo la parte del falso soldado loco. En cuanto se acercaron al lugar, el loco volvió a increparles. Ella se le acercó mientras el marido se alejaba prudentemente diciendo: “Vámonos de aquí ¿estás loca? Vuelve ahora mismo.”
Ella se acercó al soldado loco y le dio la mano. “Ich bin Halbdeutscher. Kannst du still bleiben wie ein Stein?” a lo que él contestó “Natürlich”
Entonces ella se quedó completamente inmóvil en su postura como si estuvieran los dos petrificados.
El marido empezó a gritarle: “Pero ¿qué te ocurre? ¡Ay, Dios mío!” pero sin atreverse a acercarse. “Voy a pedir ayuda” y se alejó corriendo.
Cobarde, pensó ella mientras le veía marchar.
Empezó a caminar despacio hacia la playa mientras el loco la seguía detrás haciéndole preguntas en alemán. De repente, el loco salió huyendo al ver una de las figuras desmontando de uno de los jeeps. El soldado empezó a caminar hacia ella. “Vaya, otro loco”, pensó.
El soldado la miró despacio. “He estado buscando siempre una mujer como tú.”
Casi nadie desde entonces se fija en una de las figuras de piedra sentada en un jeep, vestida sólo con un bañador y una cámara en la frente.