¡TÚ SUEÑAS!

“Eres la chica más guapa de la clase”

Carlos, el chico más atractivo y más deseado, me estaba hablando… ¡a mí!

Tenía que pellizcarme para saber que no estaba soñando.

“¿Te gusta la cerveza?”

No había probado una cerveza en mí vida, pero por nada del mundo iba a reconocer mi falta de mundo.

“Si, claro.”

“Te invito a una cerveza por la tarde después de clase. Te espero en esta esquina.”

¡Una cita con Carlos!

Estaba tan impaciente que apenas me enteré de nada en la clase. Era un sueño.

A la salida, allí estaba él, reclinado en la pared, mirando su móvil.

Su sonrisa, cuando me vio, era preciosa. Una cerveza trajo otra, ya estaba mareada. Pero Carlos estaba encantador y muy atento. Me sentía en la gloria.

De repente, algo pasó. Carlos se disculpó para ir al lavabo. Yo recliné la cabeza medio mareada y riendo, como si hubiera hecho un chiste. Ladeé un poco la cabeza y por rabillo del ojo vi a Carlos hacer una seña a otros dos chicos. Con la mano les hacía una seña de paciencia, de que esperaran.

Ahí me saltaron todas las alarmas. Piensa, me dije. Ten cuidado cómo lo haces. Carlos volvió y me ofrecía otra cerveza. Cogí la cerveza, mi bolso y con mi mejor sonrisa le dije: “yo también necesito ir al lavabo.”

De camino me paré en la barra y le pregunto al barman. “¿Hay otra salida?”

“Si. Por ahí. ¿Por qué? ¿Qué ocurre?”

“Creo que ese chico y sus amigos me quieren violar.”

“¿Carlos? Tú sueñas.”

Me dirigí a la puerta trasera y salí corriendo. Corrí y corrí hasta agotarme. Luego paré un taxi.

“Al cuartel de policía, por favor” Pero ¿qué iba a decir a la policía? ¿Qué me había imaginado un acoso? Mejor ir al colegio y hablar con el director. Seguro que alguna otra chica había sufrido este acoso de Carlos.

“¿Crees que Carlos quería violarte? Carlos es un buen chico.” fue la respuesta del director.

“Puedo identificar a sus amigos. Seguro que lo han intentado antes con alguna otra alumna.”

“Tú sueñas.”

Acabó haciéndome una advertencia de que no se puede destrozar la reputación de un estudiante por despecho, quizás yo me había sentido rechazada. Empecé a agobiarme. ¿Qué iba a hacer al día siguiente cuando me lo encontrara? Me imaginaba su cara de rabia y sus comentarios delante de todos los compañeros, que si me dejas plantado, que si encima que te invito, eres una calientahuevos…

La angustia me subía por el pecho y salió en forma de grito. Me desperté en mi cama. Todo …  había sido un sueño.

Me dirigí al colegio como cada mañana, feliz de no tenerme que enfrentar a un mal momento en clase con los compañeros, ni con las miradas desaprobatorias del director y los profesores. Todo estaba bien.

Allí estaba Carlos en medio de los demás estudiantes, apoyando la espalda en la pared y mirando su móvil. Al pasar, levantó la vista y me sonrió.

“Eres la chica más guapa de la clase” me dijo.